Era el 16 de Diciembre de 1865, creo q fue el año mas frío en el país que me vio nacer y como siempre, desde ya hacía 70… o 75 años caminaba sola, ante el mas frío invierno que en mi vida… o mejor dicho en mi existencia sobre la faz de la tierra, pude pasar…
Convertida en un particular mercenario… pero por años fue el mismo precio: 10 libras por persona, hombre o mujer, niño o anciano… eso si, si era moro el precio se elevaba a 15… siempre daban mas lucha al morir; esta figura tan frágil e infantil ayudaba a que las presas confiaran en mi y poder enviarlas al otro mundo sin tanto rodeos... me pregunto si alguna de ellas habría visto a la comisión días antes de morir en mis manos….
Lo único que podía sentir en ese momento era su incontrastable sabor, su líquida calidez cayendo por la comisura de mis labios que mas de uno quiso poseer, pero mi gran aliada, aquella señora de la guadaña, se los llevaba antes de poder lograr su cometido…
Me siento en una de las bancas del gran parque, aun arropada en su enorme abrigo de piel, y puedo ver a un lobezno que se escabulle bajo las raíces de un árbol, miro a mi alrededor, recuerdo que asi fue una de sus últimas apariciones, agudizo la mirada y veo q el lobezno ha ido a encontrarse con su pequeña manada bajo el árbol…
Suspiro – solo era eso… - pensé, bajé la guardia y retome mi camino, dirigiéndome hacia ese árbol, estaba hambrienta, los canes oyeron mis pasos y se revolvieron inquietos en su madriguera…
Y un solitario aullido lastimero rompió el silencio de la noche, después de eso… nada.
miércoles, 10 de junio de 2009
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