viernes, 30 de julio de 2010

Pero sentí aquella extraña presencia de nuevo, estoy segura de que no eran los lobos, la jauría huyó al sentir la mía, de nuevo aquel extraño picor en la rosa indeleble sobre mi mano…. Me arropé muy bien con su gran abrigo y me hice una sola con el viento y como una sombra me escabullí entre los árboles confundiéndome con sus débiles sombras ante un inevitable amanecer… - solo diez minutos mas – pensaba, tratando de escabullirme para confundir a ese algo que me inquietaba, no permitiría que interrumpan mi descanso pues sabía que mi presencia no era imperceptible para todos los mortales… menos aún para los de mi especie…

Podía oír los murmullos de mi madre y los suspiros aterrados de mi abuela…

- se que nos sigue buscando y ha llegado al pueblo – decía mi madre
- estas segura, Berth??? El desapareció hace mucho, yo no creo…
- Mamá!!!, estoy segura, lo he visto paseando muy misterioso por la plaza central y va acompañado de un hombre… no se como llamarle pero parece no ser humano, y de solo verlo se me erizó la piel
- entonces… volverás a irte?
- Shhh! No hables muy algo, la niña puede despertar…

Oí los pasos de mi madre que ingresaban a la pequeña habitación que habían adaptado en un rincón de la cocina, cerca al fogón, y una vez mas tuve que hacerme la dormida. Ella se detuvo justo a mi lado, en silencio y después de unos instantes, habiéndose asegurado que yo estaba mas dormida que una marmota hibernando, volvió a la sala y retomó la conversación con mi abuela, pero sus palabras se tornaron imperceptibles que ya no pude escuchar ninguna de ellas…

Un ruido espantoso hirió mis oídos y desperté sobresaltada, miré ansiosa alrededor, pude ver las cosas que me eran familiares, mi ropa, mis armas, mis trofeos de guerra… y aquel enorme abrigo enrollado como una extraña versión de perro casero sobre la alfombra raída, y podía ver tenues rayos de luz a través de los maderos que tapiaban las ventanas, aún era de día… - que pasó?? – me levante e inspeccioné… lo hallé!!!!!!!! Maldita rata – mientras apretaba su gelatinoso cuerpo – pensabas que podías tirar mis cosas al suelo?? Pero no tuve mas remedio de dejar ir a esa apestosa sabandija, sabía que había entendido el mensaje y jamás volvería por acá, además, no tenía ganas de matar y recordé que nunca me gusto el sabor de su sangre, procuraba no beberla… a menos que sea estrictamente necesario…

Aún es de día – maldito animal – y volví a mi letargo, debía descansar… sabía que esa noche sucedería algo especial… lo presentía…

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